Si yo fuera mujer me encantaría. Me gustaría mi
manera de pensar, mi sentido del humor, me encontraría misterioso, pero además
transparente y finalmente buena persona. Si no hay vida eterna, ni vida después
de la vida, entonces las personas fallecidas no saben qué les pasó ni dónde
están. Pero igual soy creyente, y rezo, paso al frente de una farmacia Cruz
Verde y me persigno.
En las próximas elecciones presidenciales voy a
votar por Michelle Bachellet, pero además marcaré mi voto con A C, Andrés
Caniulef. Creo que se lo merece es un buen periodista y ha tenido un año
espectacular. También votaré por el diseñador de alta costura, Ruben Campos.
Estoy seguro que será un gran Presidente de la República, él sí que sabrá tomar
buenas medidas.
Antes fumaba marihuana, pero dejé de hacerlo. Hace
unos meses volví a fumar, y es verdad eso que dicen que la marihuana hace
perder la memoria. Había olvidado lo rica que es.
Mis abuelos eran de Talcahuano y en 1946 se
instalaron con un pequeño local donde vendían artículos de perfumería. La
tienda fue bautizada como Perfumes Géminis, en honor a la madre de mi abuela,
que era de ese signo del zodíaco. Vendían fragancias y cremas que preparaba de
manera artesanal mi abuela, con productos como palta o huevo, en el baño de su
modesta casa.
Mi abuelo era de contextura muy delgada, y había
sufrido en su niñez enfermedades de todo tipo: polio, pulmonía y desnutrición
severa. Media solo 1,47 de estatura y cojeaba de la pierna derecha debido a un
accidente donde se le cayó un durmiente cuando trabajaba en ferrocarriles.
Había quedado calvo a los 20 años, nunca cuidó su dentadura y era gran bebedor de vino desde temprana
edad, por lo que su nariz era enorme y colorada. y su piel tenía marcas de una
viruela mal curada.
En aquel tiempo, muchos barcos que venían de
Europa, debían cruzar por el Estrecho de Magallanes y pasaban por las costas
chilenas a recargar combustible.
Un día de noviembre mi abuelo estaba aburrido
dormitando sobre el mesón de local, mientras mi abuela iba a Concepción a
comprar materiales, cuando una bella mujer de apariencia extranjera, entró al
local y le pidió en un dificultoso español, que le vendiera alguna crema para
las manos. La desconocida le dijo que no se las cuidaba mucho pero que ahora debía
lucirlas impecables para un trabajo que debía realizar.
Mi abuelo siempre galante, le dijo que no
necesitaba hacerse nada en las manos, ya que las tenía hermosas, tanto como
eran su cuerpo y su angelical rostro. Ella no entendió mucho lo que le dijo ya
que no hablaba muy bien el español y mi abuelo tampoco. Pero le pareció cómica
su forma de hablar. Tras conversar un rato, él la invito a que fueran a la
pieza contigua a tomar un vaso de vino mientras se conocían un poco mejor,
antes de que llegara mi abuela.
Mi abuelo siempre cuenta, en las reuniones
familiares, que emborrachó a la extranjera que le quitó la ropa y que le hizo
el amor, pero que como pronto iba a llegar mi abuela, la debió echar.
Esa mujer era la famosa actriz norteamericana Rita
Hayworth, una de las mujeres más importantes en la historia del cine, que se
encontraba de paso por Talcahuano, donde su barco recaló para abastecerse de
provisiones. Ese trabajo al que ella se refería y en el que tenía que mostrar
las manos, era la filmación de la película “Gilda” (1946), de Charles Vidor,
una de las grandes películas del cine negro, en la que protagoniza una escena
donde ella se quita un guante.
Mi abuelo nunca vio la película y nunca supo quién
era la mujer con la que había estado.
P.D: esta historia es falsa, mi abuelo era
impotente.
Para Tejemedios escribió:
FELIPE AVELLO
PERIODISTA Y COMEDIANTE
PANELISTA DE INTRUSOS Y ASÍ SOMOS.