"DOS HISTORIAS"

La señora S. vive en la comuna de Macul. Su hija falleció víctima de una extraña enfermedad. Ahora encabeza una agrupación que recauda fondos para ir en ayuda de otros niños que sufren el mismo mal.

Me contactó para que animara un bingo en Rancagua. Llevé a un amigo. Fuimos en mi auto. Mi amigo es deportista. Entrena en el Centro de Alto Rendimiento. Hace unos años tuvo la misma enfermedad, pero se recuperó. En el evento recaudamos harta plata.

Nos fuimos de vuelta a Santiago. Llevamos a una muchacha joven que había participado en el bingo haciendo de modelo. Ella tiene a su hermano enfermo. En un momento miré para el asiento de atrás, y vi cómo la mamá organizadora del evento masturbaba a mi amigo deportista por debajo de la chaqueta.

La modelo, a mi lado, en el asiento del copiloto, dormía, o se hacía la dormida. Yo seguí manejando. Pensé tomar la mano de la promotora y ponerla en mi entrepierna. Lo hice. Faltaba media hora para llegar a Santiago. El viaje se me hizo más llevadero.

Tenía un vecino que se llama Gabriel García Márquez, igual que el escritor. Trabajaba en una oficina de cobranzas judiciales. No le gustaba leer, menos escribir.

Le decíamos ‘el basurero’, porque comía y tomaba de todo, en exceso. Fumaba dos cajetillas de cigarros diariamente.

Tenía 36 años. Era solitario. Era depresivo. No tenía familia ni amigos. Tenía un soplo en el corazón. Se ponía violento con trago. Manejaba borracho. Le habían quitado la licencia, pero manejaba igual. Le gustaba la velocidad. Le encantaban las prostitutas. No usaba preservativo. Consumía cocaína. No funcionaba sexualmente cuando se drogaba. Tomaba viagra. 
Falleció el 17 de abril. Fue una CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA.

Para Tejemedios escribió:
FELIPE AVELLO,
PERIODISTA Y COMEDIANTE
PANELISTA DE "ASÍ SOMOS"

“MIS 40”

Estoy a un mes exacto de cumplir 40 años. No sé si haré fiesta. Debería. Nunca he celebrado mi cumpleaños. Igual tengo miedo que no resulte. Es que he ido a muchos cumpleaños que no han resultado bien.

1987

Un compañero de colegio, Cartes, cumplió 13 años. Invitó a todo el curso a su casa. Su madre nos preparó canapés de huevo. No había bebidas, me refiero a gaseosas, solamente jugos de sobre. La gracia es que estaban servidos en botellas de bebida que eran del mismo color del jugo. Así el jugo Flavor Aid de frutilla estaba servido en una botella Bilz, y el de naranja en botella de Orange Crush. No sé si la madre de mi compañero quiso engañarnos o sólo era un detalle simpático. Lo concreto es que nos reímos por meses de la pobreza del cumpleaños. Desde ese día, a Cartes le empezamos a decir “el roto canapé”.

1994

Mi hermano cumplía 14 años y mis papás le organizaron un cumpleaños con dj. El dj era un amigo de un tío. El amigo de mi tío era musculoso y tenía unos 40 años. Llegó con sus tornamesas, parlantes e incluso luces. Las instaló en mi casa. Tuvo que realizar una instalación eléctrica hechiza. Estuvo toda la tarde en eso. La fiesta se hizo en el living comedor. Hubo que sacar el comedor al patio. El dj tocaba sólo música house. El dj se creía la raja. El dj era muy ordinario. En un momento se sacó la polera. Todos lo encontraron asqueroso. Se recalentaron los cables, Comenzó a salir humo. La casa se llenó de humo. Algunos pensaban que era un efecto del dj.  Explotó la instalación eléctrica hechiza. La casa se empezó a quemar. Era la segunda vez que eso pasaba.

2013

Una compañera de trabajo, Jimena, arrendó un pub. Cumplía 30 años. Invitó a mucha gente. Fueron pocos los que llegaron. Se notaba por los puestos vacíos.

La cumpleañera se curó. Nadie la acompañaba en la borrachera. Todos éramos espectadores de su ebriedad. No había pololo, ni familiares. Era fanática de Felipe Camiroaga. En medio de su ebriedad empezó a hablar de él, y se puso a llorar. “No alcancé a conocerlo”, dijo entre sollozos. Al rato, nos empezamos a curar nosotros. Ella dejó de ser el centro de atención. En un descuido, un mozo se la llevó al baño. Pensamos que era para ayudarla a vomitar. Se demoraron dos horas (durante mucho tiempo se especuló abuso, o al menos sexo semi consciente. Ella no recuerda nada, pero parece que efectivamente algo pasó porque amaneció con líquido seminal en su ropa interior).

2014

Mejor no hago nada.

Para Tejemedios escribió:
FELIPE AVELLO
PERIODISTA Y COMEDIANTE

DEBO OFRECER DISCULPAS A MUCHA GENTE

A mi primo, porque una vez lo tiré a una piscina con ropa delante de sus compañeros. Estaba en sexto básico y yo en cuarto medio. Lo humillé sin motivo.

A una niña que conocí por internet. Hablábamos todos los días. Un día quedamos en juntarnos en la entrada de un Metro. Llegué 20 minutos tarde, ella ya estaba allí. Me acerqué sonriendo, caminé lento hacia donde estaba hasta pasar por el lado, para luego seguir derecho. Ella me llamaba y yo seguía caminando, alejándome a paso firme. Se veía mejor en las fotos. Al día siguiente le dije por e-mail, que no la había reconocido, y que, además era sordo.

A Marcela, una polola que tuve en Concepción. Una vez me contó que su mamá había fallecido, y que ese era el dolor más grande de su vida. yo le dije “qué pena”, y la empecé a manosear. Me apartó de su lado, se vistió y se fue.

A una amiga, a la que se notaba que yo le gustaba, incluso me atrevería a decir que estaba enamorada. Me invitó a quedarme en su casa de Viña. Me instalé al día siguiente. Cuando se fue al trabajo, yo traje a una mina que había conocido días antes, y tuve relaciones en su cama. Nunca le conté, pero ella encontró un preservativo usado, y lloró. Ese día le pedí pololeo. Aceptó. Duramos dos años.

A mi primo, el mismo, pero cuando estaba más grande. Un día llegó a mi casa con la mano vendada. Se había apretado los dedos en una  puerta metálica. Se los pisé, sin querer (fue intencional) mientras le enseñaba matemáticas. Él aulló de dolor. Las vendas blancas se empaparon en sangre.

De esto han pasado muchos años, hoy mi primo es ingeniero civil industrial, le va muy bien, recorre el mundo por su trabajo, y está muy bien evaluado por sus jefes, aunque tiene problemas de movilidad en su mano derecha.

A una compañera de trabajo  que tenía la autoestima muy baja. Fuimos pareja por tres meses. Casi todos los días yo le decía que era fea, y la comparaba con mujeres de la tele. Efectivamente era fea. Terminamos por ese motivo.

A mis amigos que me hablan por Facebook y con los que no quiero comunicarme. Les digo que soy el comunity manager de Avello y que yo manejo su cuenta porque él no tiene tiempo. “Le diré a don Felipe que se comunique  con usted”, les escribo

Finalmente le quiero pedir disculpas al periodista de Chilevisión Juan Pablo Queraltó, porque siempre que me preguntan, niego que soy su amigo, incluso, insinúo que es gay. Cuando la verdad soy muy amigo de él, le tengo gran afecto y, por supuesto sé que no es gay. De hecho mientras escribo estas líneas, recostado, él se pasea frente a mí, sonriendo. Se puso mi camisa azul, le queda grande pero no le importa. Ya tomamos desayuno.

Para Tejemedios escribió:
FELIPE AVELLO
PERIODISTA Y COMEDIANTE MUY BUENO

"LA RATA DE HÉCTOR NOGUERA (TESTIMONIO REAL)"

Viví mucho tiempo en un pozón, al lado de un basural ubicado en la comuna de Peñalolén, junto a mi numerosa colonia. Sin embargo, pese a lo acompañado que estaba, me sentía solo. Estaba pasando por una profunda depresión. Por esa época yo ya estaba viudo, mi mujer había muerto envenenada poco tiempo antes, y de mis hijos casi no sabía nada. Me había enterado que los mayores vivían en un local de sushi en Providencia, y que estaban súper bien, y que el menor se había instalado en la facultad de Medicina de la Universidad de Chile. “Se está comiendo un delantal”, me contó un viejo que vivía en el laboratorio.

No recuerdo cuánto tiempo pasó, pero ya tenía canas en el bigote cuando me instalé en el Teatro. Llegué motivado por un abundante cóctel que se ofreció el día del estreno de “El jardín de los cerezos”, de Anton Chejov. La obra nunca la vi completa, aunque en una oportunidad me comí las tres primeras páginas de un texto que quedó olvidado en un ensayo. Me gustó.

Reconozco que antes de llegar al teatro, nunca había visto una obra. Lo más cercano a esa experiencia fue cuando pernocté varias noches bajo el escenario del pub La Rosa -creo que ahora tiene otro nombre-, donde a veces se presentaba Felo. Recuerdo que una vez, borracho, casi le mordí un dedo a una mesera, aunque más me hubiese gustado morderle un seno. En otra oportunidad vi a Felo llorar en el camarín porque alguien le había cortado las cuerdas de su guitarra (había sido yo). Al parecer también tenía depresión.

Aunque una vez estuve a punto de salir en una obra. Fue en el casino Monticello, La salida de la alcantarilla daba justo a la puerta del salón y tuve la mala ocurrencia de asomarme justo cuando se presentaba Patricia Maldonado, Raquel Argandoña y Pamela Díaz, en una sala con más de 300 personas. Por suerte nadie me vio, me hubieran matado de manera escandalosa, y aunque vi el espectáculo completo escondido bajo una alfombra, no lo cuento como experiencia teatral, porque para mí eso no es teatro.

Por esos días me gustaba beber el alcohol que quedada esparcido por el suelo del bar o chupar la mopa con que limpiaban la cocina y que también tenía gusto a licor. La cosa es que me emborrachaba casi todas las noches, peleaba con mis compañeros, intentaba seducir a las menores (como todos los de mi especie soy muy bueno para hacer el amor, yo digo “follar”). Ahora que lo pienso, me estaba autodestruyendo, y aunque me daba cuenta, no me importaba.

Al teatro El Camino, donde vivo ahora, llegué por recomendación de una rata amiga que estaba muy preocupada por mi estado. Esta rata era aficionada a la buena mesa y al teatro, artes que lo apasionaban por igual. De hecho pesaba tanto, como cinco kilos, que hasta los gatos se intimidaban cuando le veían pasar. Su afición por el teatro le venía del Mesón Nerudiano, un restaurante del barrio Bellavista donde vivió mucho tiempo. Allí escucho conversar a importantes hombres de la dramaturgia chilena como Alejandro Sieveking o Marco Antonio de la Parra.

“En el teatro vas a estar tranquilo, es lo que necesitas, al teatro va poca gente, eso se sabe, pero la comida es abundante, hay buen catering, y lo más importante, vas a estar en paz. A nuestra edad es mejor la tranquilidad”, me dijo la rata obesa mientras me miraba con sus ojos chiquititos.

Y le hice caso. Aquí vivo ahora. Sé que Héctor Noguera es el dueño, pero nunca lo he visto, aunque lo he escuchado ensayar. Siendo sincero, más que los montajes, a mí lo que me gusta es cuando hacen sesiones de yoga. Vienen mujeres delgadas, pero muy guapas. De hecho me estoy comiendo de a poco las calzas de Amparo Noguera. Ya no tengo depresión. 

Para Tejemedios escribió:
FELIPE AVELLO
PERIODISTA, PANELISTA, COMEDIANTE

FIN DEL VERANO Y VENGA EL 2014

Este verano tuve que trabajar harto. Casi no salí en la noche. No tomé. No tuve sexo, ni con mi mujer ni con nadie. No viajé. No conocí ningún lugar nuevo. No me hice nuevos amigos ni conocí gente nueva. Tampoco me junté con viejos amigos. No comí rico. No viví ninguna aventura. No fui a la playa, ni a la piscina, ni al río, ni al lago.

Pero sí estuve harto en internet. De hecho, hablé por WhatsApp casi todos los días con una muchacha que conocí por Facebook. Me tinca que es un perfil falso. Vi todas sus fotos en Facebook, y estoy seguro que es un perfil falso. Estoy seguro que es un hombre. Me pidió pololeo ayer. Le dije que lo iba a pensar. Hoy en la mañana le escribí: Acepto.

Anduve en micro, hace tiempo que no andaba en micro. Subieron unos obreros y empezaron a silbarme burlonamente y a decirme: “Hola pececito, uuuuuuuhhhhh”. ¿Cómo está la farándula? Les expliqué que yo no trabajo en la farándula, antes sí, pero ya no, y que no me interesa el tema, por tanto “no sé cómo está la farándula, obreros”, les dije severo. Me siguieron silbando hasta que me bajé en la cuadra siguiente. Uno me corrió mano. Nunca más andaré en micro.

Fui al centro, hace tiempo que no iba al centro en verano. Espero nunca más ir al centro, ni en verano ni en ninguna otra época.

Fui al dentista. No me gusta ir porque el hombre que me atiende es viejo y brusco y se le mueve ligeramente la mano. Para mi sorpresa, al entrar a la consulta, la secretaria, una hermosa joven de dientes chuecos, me cuenta que el doctor falleció hace 10 años. Lo reemplaza una dentista muy atractiva, recién egresada. Tras una atención de 15 minutos, me dice que si me seguía “dejando estar” arriesgaba posible necrosis en el diente y la encía. Ahora entiendo el porqué, aunque me lavo los dientes, persiste el mal aliento.

Me inscribí en un gimnasio, pero he ido poco. La verdad no he ido. La verdad ni siquiera me inscribí. El hombre que me atendió estaba híper musculado y al parecer recién había tomado sus batidos y aminoácidos, ya que tenía problemas para expresarse y miraba casi sin parpadear. Me dijo que entrenaba a muchos famosos, pero que ese día no habían ido, porque estaban en sus eventos. Pese a las venas que se le salían por la sien y su mandíbula apretada, me dio confianza. Empezaré en marzo, cuando termine el verano.

Y AHORA MIS PLANES PARA ENFRENTAR ESTE 2014
No enfermarme. No sufrir accidentes ni ocasionarlos. Gastar menos. No caer preso. No mentir. No hablar mal de la gente ni burlarme a sus espaldas. No juntarme con gente que habla mal de otra. Comer más frutas. No perder las llaves.

Ir al gimnasio más seguido. Ir a la casa de mis suegros más contento. Tomar menos trago y más agua. Juntarme con viejos amigos que no veo hace años. Ahorrar. Pagar los partes del auto acumulados del año pasado. Tener más temas  de conversación con mi señora (está difícil). Pagar la deuda del banco que crece año a año. No ocupar más la tarjeta de crédito del banco.

Pedir cambiar al ejecutivo de cuentas. Dormir más. Tener más relaciones sexuales. Leer. Conocer gente nueva. No olvidar a la gente antigua. Tener más conciencia social. Cortarme los pelos de la nariz. Aprender a usar la cámara de fotos que compré hace un año, que costó muy cara y que no he ocupado nunca. Ayudar más en los quehaceres del hogar.
Usar más seda dental. Secarme bien antes de salir del baño para no mojar el piso. Ir al dentista a concluir mi tratamiento de conducto. No dejar plantada a la gente. Caminar más derecho pero primero, dejar de acumular grasa en la zona de los pechos. En el teatro hacer por fin un espectáculo de calidad. No contar los mismos chistes de siempre en mi espectáculo de calidad.

No tomar tanto antes de hacer mi espectáculo de calidad (está difícil). Juntarme con unos tíos y solucionar un conflicto  familiar. Hacer el amor con un hombre sólo para saber qué se siente. Apagar el computador cuando no lo esté ocupando. Masturbarme menos, para que cuando tenga relaciones sexuales, dure más. Comer más lento y sin tanta ansiedad.

Ser vegetariano de verdad y no sólo en lugares donde hay gente mirando. Dejar de ir a ver stand up comedy sólo para copiar chistes. Dejar de creerme atractivo cuando estoy con trago. Dejar de intentar seducir a las pololas de jóvenes comediantes, mientras ellos hacen su show (mil disculpas, no volverá a pasar, había tomado mucho y estaba cansado, además creía que ella me encontraba atractivo, además eres muy bajo para ella). Dejar de saludar a gente que me cae mal con fingido afecto. Llamar más seguido a mi papá. Seguir llamando todas las mañanas a mi mamá, pero ahora no para pelear. Empezar a pensar en mi señora cuando estoy teniendo relaciones con ella.

Dejar de retuitear a gente por interés. Evitar mirar con deseo a la muchacha del aseo del edificio. Ser bueno. Acordarme de Dios no solamente cuando creo que me voy a morir. Dejar de chatear por Facebook cuando debería estar escribiendo un guión o una novela. Conversar unos minutos con el conserje para no olvidarme del Chile real. No comer tanto pan. Dejar de mirar en menos a personas que son muy inferiores a mí.

Para Tejemedios escribió:
FELIPE AVELLO
PERIODISTA Y COMEDIANTE DE CALIDAD 

LOS CALIENTES PIROPOS PASADOS PA LA PUNTA

No soy de andar diciendo piropos a las mujeres en la calle. Me parece invasivo. Prefiero mirarlas disimuladamente, seguirlas con la mirada, recorrer su cuerpo, pliegues y detalles. Y si ellas se dan cuenta, quitar la vista cortésmente, para que no se incomoden.

Pero una vez hice una excepción. Una a vez iba en el Metro, adelante mío, una muchacha morena con un short ajustado y una polera cortita. No usaba sostén. Era un poco gordita y tenía las patitas gruesas y cortas, como un mono de taca taca. Además tenía un tribal donde termina la espalda. “Si el Metro frenara yo me caería encima de ella”, pensé. “Sería rico”, me dije.

Me acerqué a ella y le dije al oído. “No soy mago, pero me gustaría partirte en dos”.  Ella se giró hacia donde yo estaba, y tímidamente dibujó una sonrisa. Tenía los ojos rasgados de un café intenso y los labios muy gruesos, pintados de rojo oscuro. Tendría unos 20 años. Andaba con una carpeta donde seguramente llevaba su currículum. Se notaba que andaba buscando trabajo, de secretaria o en un call center, pensé.

“La verdad, más que mago me gustaría ser cebolla”, le dije. “¿Para qué?”, preguntó ella intrigada. “Para estar dentro de tu empanada”, le lancé. Y para finalizar, me despedí: “Adiós corazón de melón, te espero en la cama sin pantalón”.  En ese momento, la muchacha se puso seria y mirándome fijamente a los ojos, me habló: “Señor, yo soy una muchacha muy humilde, y además tengo la autoestima muy baja. Mi padre está sin trabajo, mi madre nos dejó cuando yo sólo tenía cuatro años, y mi hermano era apenas un lactante. Mi padre ya está viejo, y nadie le da empleo. Yo estaba estudiando en la universidad la carrera de contador auditor, pero tuve que dejarla porque no tenía para pagar, ni siquiera tenía ropa para ir a clases, por eso es que ando sin sostén, como usted se habrá dado cuenta. No es de provocativa, es que no tengo ropa interior, señor. Por eso, le agradezco tanto lo que usted me ha dicho hoy. Usted no me quiso robar, ni me insultó, ni me pegó. Sólo me piropeó, usted me subió el ánimo, señor. Muchas gracias por eso, señor. Usted me alegró el día”.

Se acercó y me dio un suave beso en la mejilla. El Metro abrió sus puertas y ella se perdió entre la multitud.

Nunca más supe de ella. Hasta ayer, cuando, oh, sorpresa mayúscula, recibí en mi correo personal el siguiente mail: “Señor, no sé si me recordará, yo lo conocí a usted en el Metro hace ya muchos años. Nunca olvidé lo buena onda que fue usted conmigo esa vez. Nunca olvidé su cara, sé que ahora sale por televisión, por eso me atrevo a escribirle hoy. Sólo quiero decirle que gracias a lo que usted me dijo hace años -sus piropos, quizá ni siquiera se acuerda-, yo ahora tengo la autoestima alta. Ese mismo día que nos conocimos encontré trabajo, y a los pocos meses volví a estudiar. Hoy soy contadora auditora, soy una mujer muy segura, independiente, tengo mi propia empresa, y tengo éxito. Estoy por cumplir 35 años, ya no me piropean como antes, pero soy feliz. Y en gran parte es gracias a usted, señor. Le mando un abrazo, y perdone por quitarle parte de su tiempo.

Se despide, la muchacha del Metro.

Pd: Pasaron los años y me acostumbré a no usar sostén”.

MORALEJA: muchos piropos son bonitos, dichos con respeto, y buen humor, lejos de ser malos, alegran a las personas e incluso las ayudan.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Tejemedios.

Para Tejemedios escribió:
FELIPE AVELLO
Periodista y comediante chistoso
Panelista de “intrusos” y “así somos”